La Cruz de Cristo

Tanto se ha hablado de ella, cuántas veces se ha testificado que el Señor Jesús murió por los pecados del mundo. Escritores se han inspirado en ella escribiendo palabras hermosas; otros la han vituperado. La Cruz de Cristo no es moderna, ya que su lenguaje es de sacrificio y de renunciación. También habla de una de las obras de amor más grandes. La Cruz también nos enseña la renunciación de esta vida, para poder alcanzár la otra.

La Cruz nos enseña al verdadero Rey. No a través de la arrogancia humana, tampoco a través de la suntuosidad de los palacios, ni del poderío empobrecido del hombre. Este rey que tomó una cruz para ganar la conquista más grande que se puede lograr, hizo partícipes a las almas perdidas de su reinado. No con fuerza humana, sino con el poder de Dios.

La Cruz nos llena el corazón de ternura hacia nuestro redentor Jesucristo. Una cruz que no adoramos, pero que Cristo nos la enseñó como un gesto de amor. Me parece oír a la cruz hablár, diciendome: "Mi procedencia es horrible, pero este sacrificio la ennobleció. El castigo más duro para los reos de muerte era la cruz, pero aún clavado en ella, pudo salvar más almas. Y en el dolor del momento, haciendo el milagro de corazón entendido: Reconocer al Señor Jesús.

No soy moderna, nos dice la cruz, me hice famosa cuando fuí usada para salvár al mundo. Aún en estos tiempos los hombres no han podido cambiar mi lenguaje antiguo por el moderno. Cristo le dijo a sus seguidores que aún a los objetos de procedencia horrible, Cristo los usa y los hace utiles y hermosos.

Llevarme a veces es doloroso, a veces peso más para algunos que para otros, pero viene a mí el recuerdo de Jesucristo: Cuán horrible fué para él cargarme, era yo muy tosca y dura; me llevó casi cayéndose; y yo indolente caía encima de Él, casi para aplastarlo; qué horrible fué para mí aunque no tenía sentimento.

Siglos y siglos han pasado y yo sigo en la historia. Pienso que el momento más duro de mi procedencia cruel, fué cuando lo clavaron en mis pedazos de madera podridos y carcomidos, los clavos hicieron que la madera se uniera, para hacerse más fuerte.

Ahora los hombres no quieren cargarme; quieren que piense como ellos, pero yo soy antigua, el camino que yo anduve lo trazó mi rey. Y ahora hablan de una puerta ancha donde yo no estoy; y me siento tan parte de la historia que puedo decirles que donde no estoy, no está Jesús tampoco, porque Él me dio a conocer. No me dejes. No sirvas a dos señores. Sufre trabajo como fiel soldado de Jesús. No te hagas esclavo de los hombres. Tómame cada día; no te avergüenzes de mí, que para los reyes fuí hecha. Llevame con fortaleza y fe y enseña de mí.  Y sobre mí, habrán escritas estas palabras con sangre: Cristianos.

APÓSTOL ROLANDO GONZALEZ