La verdad de los hechos de nuestras vidas

Aunque no lo sabia, el Señor tenía un plan para mí. Siempre sentía un vacío en mi vida, y muy dentro de mí un deseo de conocer de Dios. Había necesidad de Dios. Quería saber más de El, conocerle. La creencia que yo tenía era vana, superficial y tradicional, y creía que trabajando en el mundo de los negocios iba a estar satisfecho, y no fue así.

Al principio, cuando llegué a este país, empecé a trabajar en un restaurante; allí tenía mucho trabajo y yo atendía y servía a la clientela. Cierto día, una anciana, con el cabello bastante blanco, la cual tenía complexión blanca se acercó a mi y dijo en voz alta: "Miren cómo me erizo (mostrando su brazo) por causa de este hombre, porque él va a ser usado en gran manera por el Espíritu Santo de Dios".

Las palabras que ella pronunció penetraron muy dentro de mi corazón e hicieron erizar todo mi cuerpo.

En aquel tiempo, yo no tenía conocimiento de la Biblia, ni tampoco había visto a esta señora antes. Ni siquiera conocía o sabia lo que era de su vida. Más bien, creo que el Señor la usó para darme un mensaje. Los clientes que escucharon lo que esa señora había dicho, se miraron unos a otros; y por un momento, hubo silencio, pero después, todo volvió a la normalidad Yo también volví a mis quehaceres.

Tiempo después, no se si fueron uno o dos años, mi esposa y yo conocimos a un  hombre que tenía creencia cristiana. El no era un cristiano activo, pues se había apartado de la fe. Su vida no estaba en los caminos de Dios, pero conocía la Biblia.

El empezó a enseñarnos de la Biblia y también nos habló de una iglesia a la cual él había pertenecido. Mi esposa y yo, nos gozábamos escuchando de la Palabra de Dios; estábamos llenos de gozo y alegría.

Empezamos a aprender acerca de la obediencia de los 10 Mandamientos y a la renunciación del mundo y a sus placeres de acuerdo al libro de Mateo 4:18-20, 19:28-30; Lucas 14:33 y 1Corintios 9:14.  Así fue como empezamos a aprender, de la Biblia.  Aquellos fueron grandes días, y también nos enseñó acerca de la responsabilidad de hacer un voto a Dios de acuerdo al libro de Deuteronomio 23:21.  Así fue que escudriñando las Escrituras, aprendimos de la Doctrina de Cristo.  Y nuestra amistad con este amigo creyente se hizo más cercana.

Una noche, mientras estaba acostado, pero no dormido, tuve una visión: Escuché a alguien tocar la puerta de mi casa. Me levanté de la cama, abrí la puerta de mi recámara y caminé por la sala hacia el pasillo que da a la puerta de la calle, abrí la puerta y para mi grande sorpresa, no podía creer lo que mis ojos veían en esos instantes. Mis piernas empezaron a temblar. No podía controlar mis emociones. Qué es lo que estoy viendo...?!

Era el Señor Jesús.  En mi mente se me fue dicho quién era El.  El Señor me miró cariñosa y profundamente. Sus ojos eran azules, y no podía fijar los míos en los de El.  Era imposible de creer, estaba muy emocionado...

Había también otros dos hombres que le acompañaban. Uno de ellos era Pedro, con cabello extremadamente blanco y una expresión feliz y el otro era Juan con el temple de un santo.  Sus vestidos eran como los que usaban en los antiguos tiempos. Ellos entraron en mi casa, y mientras caminábamos hacia la sala, noté que sus pies no tocaban el piso. Parecía como si caminaran en el aire.

Yo caminaba delante de ellos, y en momentos, me volteaba para verlos. Este fue un momento especial para mí.  Sentí en mi corazón, algo grande...!

Cuando llegamos a la sala, jalé una silla del juego de comedor, para que el Señor se pudiera sentar; Pedro y Juan también se sentaron.  No pude resistir más y caí a los pies del Señor llorando. Podía ver las marcas de los clavos en sus manos y la herida en su costado; las dos estaban ya secas.

El puso sus manos en mi cabeza y dijo: "Dile a Orlando, que estoy en tu casa”. (Orlando es aquel hombre cristiano que me habló acerca de la Biblia).

Cuando desperté, no podía creer lo que había visto. Corrí hacia el comedor y cuál fue mi sorpresa: Ver la silla que había movido para el Señor la noche anterior.  Estaba en la misma posición que había sido para El.  Esto fue para mi un gran testimonio para servir a Cristo.  Algo muy grande y real me había ocurrido.  Habiendo tenido testimonios y revelaciones de Dios, mi esposa y yo, decidimos comenzar a predicar en nuestra casa. Empezamos a traer almas, como 40 de ellas, para Cristo.  Ayunando y orando por ellos. Y después del trabajo en el restaurant, empezamos a evangelizar dando avivamientos y enseñando la doctrina de Cristo.
En el año 1970, mi esposa y yo, sentimos el deseo de venir a predicar la Doctrina de Cristo a Esta fue la manera en que lo hicimos: No teníamos dinero. Solamente una camioneta del año 68 marca Chevy.  Recuerdo haber ido al banco a pedir un préstamo de $400.00 por mi carro.

Nuestros hijos, mi esposa y otra hermana en Cristo (la cual se iba a regresar al llegar a California) empezamos el viaje. Durante el recorrido teníamos una cocina portátil, donde hacíamos hamburguesas y otras comidas, en las áreas de descanso. Y gracias a Dios, también paramos al lado de una compañía de productos lácteos, donde nos dieron leche gratis.  Así fue como llegamos a Los Angeles, en el año 1970.

No me acuerdo del mes, pero si recuerdo que al ver la gran ciudad, me sentí tan pequeño y dije;  "Señor ayúdanos, ayúdanos...!".

Sólo tenía 75 dólares de los primeros 400, leche y poca ropa en la camioneta.  Manejando en círculos por las calles de Los Angeles, me paré sin saber que estaba en el Este de Los Angeles.

Mi esposa y yo, salimos de la camioneta, junto con nuestros hijos que lloraban. Hacíamos una clase de escena, a pesar de nuestra confianza en Dios. No era para menos, pues no teníamos un lugar dónde vivir.  Y solamente con 75 dólares en la bolsa.

Ya teníamos un buen rato de estar allí, cuando una señora pasó al lado de nosotros, y mi esposa me sugirió que le preguntara si por casualidad sabia de algunos apartamentos de renta.  Pero, con $75.00, no cabía en mi mente que pudiera rentar alguno.  Así que, de todas maneras, decidí preguntar a la señora y le dije: "Señora somos misioneros y predicamos el Evangelio de Cristo; somos nuevos aquí en esta ciudad y necesitamos un lugar dónde vivir".  Ella, entonces, nos pidió que la acompañáramos a su casa.  Llegando, nos pidió que entráramos y allí agarró el teléfono y llamó a un amigo, el cual rentaba apartamentos.  Y escuchando la conversación, la escuché decir: "Yo conozco a esta gente, son muy buenos".  En ese momento, glorifiqué al Señor y lo tomé como testimonio de Dios de que todo iba a salir bien.

Ella continuó preguntando y dijo: "Cuántas personas son? ", y yo le dije que éramos siete; él respondió que éramos muchos y que el apartamento que tenía era muy pequeño para nosotros.

La mujer en el teléfono, siguió insistiendo por nosotros, hasta que el manejador cedió, y dijo: "Diles que vengan”. Ella nos dio direcciones de cómo llegar hasta allí. Era en la Witmer y la 3ra, donde el edificio estaba localizado. No estoy muy seguro, pero esto nos sucedió hace como 20 años.

Mi siguiente pregunta era: Cuánto nos irá a cobrar? Porque solamente tenía 75 dólares. Y cuando conocimos al manejador, tenía la apariencia de ser una buena persona.

Miramos un cuarto grande con un baño, cocina y una cama, la cual se ocultaba detrás de una pared.  Y después de dormir en el carro por muchos días y haber pasado un viaje bastante incómodo, esto parecía un palacio.  Tenía sus restricciones, las cuales eran no niños.  Nos pidió que tratáramos de mantenerlos tranquilos. Yo le dije que no se preocupara, que ellos se iban a mantener callados. Hasta aquel momento, no sabía cuánto nos iba a cobrar por la renta. Cuando le pregunté él me condujo hasta su oficina, y allí me informó que la renta iba a ser de 70 dólares mensuales y no tendría que dar depósito.

En ese momento, fui conmovido, porque vi la mano del Señor con nosotros, y mis ojos se llenaron de lágrimas.  Y mi esposa al enterarse, también reaccionó de la misma manera que yo, pues ella también pensaba que todo esto era una gran bendición y un gran testimonio.  Finalmente, teníamos una cama y un lugar dónde vivir.
Con los 5 dólares que me sobraron compré leche, pan y huevos.  Y con eso tuvimos un tremendo banquete, gracias a Dios.  Y como solamente teníamos una cama, algunos durmieron en ella otros dormimos en el piso.

Tuvimos que comprar empanadas, pan y pasteles del mercado del centro de la ciudad Teníamos que calentar el pan primero para comerlo con leche.  Considerábamos esto una bendición. En la noche, les poníamos algodón en los oídos de nuestros hijos, por causa de las cucarachas y otros insectos.  Todo esto lo pasamos con el deseo y la fe que teníamos de servir al Señor.

Empezamos a comprar ropa en tiendas' de segunda.  Gracias a Dios que pudimos hacerlo. (Hasta este día, a veces lo hacemos;).  Tiempo después, el Señor puso en nuestro camino un caballero el cual nos proveyó con comida por seis meses consecutivos. Eso fue otra grande bendición.

Empezamos nuestra grande misión, el propósito de nuestra estadía en esta grande ciudad.  Predicamos en las calles anunciando el Evangelio de Cristo y también dimos estudios bíblicos a las personas que nos abrían sus hogares. Hicimos esto por cinco años, sin éxito, pues ninguna alma se había convertido a Cristo y ya empezábamos a perder las esperanzas.

Hasta que, en una tarde, mientras participábamos de una Hora Devocional, el Señor nos visitó dándonos testimonio de que nosotros íbamos a traer muchas almas para Cristo.  Nos instó a quedarnos, pues ya habíamos considerado el irnos de este Estado.  Después de esto, el Señor empezó a traer muchas almas, y con el tiempo la Iglesia creció de una manera maravillosa.

El Señor nos ayudó a multiplicar nuestro trabajo, aumentando las almas convertidas y dedicando sus vidas a Cristo.  Vimos este lugar crecer espiritual y materialmente.
Pero, no fue fácil, ya que pasamos por muchas dificultades y grandes sacrificios.  Recuerdo en el comienzo, cómo mi familia y yo, juntos con aquellos que comenzaron con nosotros, dormimos en el piso, y con escasez de alimentos que fueron parte de nuestra escasa economía.  Pero, agradecidos de Dios, porque estábamos sufriendo por la causa del Señor.  El esfuerzo no fue en vano.

Después de esto, el Señor puso el deseo en mi corazón de abrir un Centro de Rehabilitación, donde pudiéramos ayudar a la juventud a salir del vicio de las drogas y el alcohol. Se abrió uno en Baja California, México, otro en Long Beach y otro aquí en Bell Gardens, los cuales todos están funcionado.

Empezamos a llevar ayuda a los desamparados ya que no tenían un lugar dónde comer.  Desde esto, miles han sido ayudados por medio de este plan lleno de bendiciones.  Gracias al esfuerzo de los siervos del Señor y la gracia de Dios.  El Señor nos dio un nombre para este centro el cual es: "LA CASA DE MI PADRE" Donde también tenemos un lema: "CUANDO SINTAMOS AMOR, HAREMOS LA OBRA COMPLETA"

Que el Señor los bendiga. Esperando que este testimonio les ayude a entender y a cooperar con esta bella obra de Dios.
Mi testimonio: el escogimiento de Cristo.

Fui llamado y escogido por Cristo desde mi mocedad. Vivía soñando con cosas de sin conocerlo. A mi esposa también Cristo le mostró por medio de sueños sus verdades y testimonios. Quiero en breve contarles parte de la verdad de los hechos de nuestra vida: A los 22 años comencé yo, y mi esposa de 24 años. Dejamos todo para servir a Cristo. Hoy Marzo 1998 cumplí 61 años y mi esposa 2/9/99 cumple 63 años.

Mi nombre es Rolando González y mi esposa Margot González, mi hijo Joel, que está conmigo luchando en el camino con su esposa Elizabeth y con mi otra hija Damaris Rivera casada con un fiel siervo de Cristo y ellos también sirven a Cristo; estos son los hijos que están conmigo en el camino.

Sus siervos en la lid del Maestro,
APÓSTOL ROLANDO GONZALEZ
SUPER DIACONISA FUNDADORA MARGOTH GONZALEZ